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Nacido
en Savona, Estado de Nueva York, Elmer J.
Faucett (1890-1960) arribó al
Perú en 1920, como mecánico
de aviación y representante promotor
de la fabricante aeronáutica
"Curtiss". Desde entonces,
jamás nos dejó.
Apenas
dos años después,
ya afincado entre nosotros, realizó
su histórico y esforzado vuelo
Lima-Chiclayo-Iquitos, en un biplano Curtis-Oriolle,
de esos en que viajaba el piloto con medio cuerpo al
aire. Faucett se cubrió de
gloria cuando el 5 de octubre de 1922
despegó de Chiclayo en aquel hoy
inconcebible monomotor de 150 caballos y hélice
de madera, arribando ese mismo día a
la selva peruana.
Contaba
mi padre, quien entonces era un niño
de nueve años
con residencia en Iquitos, que el avión
llegó a la
capital Loretana, siendo oído mas no
visto, por tratarse de día nublado. ¿Has
atravesado por los desagues
del leprosorio? , relataba mi papá
que le habían
regañado, cuando él
narró que, lleno de emoción
por llegar a tiempo al improvisado campo que se le
había preparado, se le ocurrió
cortar camino a través
de unos fangales.
Lo
cierto fue que el intrépido aviador
culminó su travesía
aterrizando a considerable distancia de la Ciudad
de Iquitos, en una playa cercana a la desembocadura
del Río Tigre. En el forzoso, el avión
quedó medio hundido en el
barrizal y su hélice fue
rota.
La selva amazónica tendió
su manto negro esa noche sin que
nadie supiera cual habría sido
la suerte del valeroso gringo.
Ciertamente, no existía radio en la
nave ni en ninguna otra parte; en el Perú
de 1922 el único medio de comunicación
entre Iquitos y el resto del Mundo
era el telégrafo llamado inalámbrico,
o Marconi.
Varios
días después, Faucett llegaba en
triunfo a Iquitos, a bordo de la
balsa "Melita";
le acompañaba, convenientemente
amarrado a ésta, su legendario avión.
El alto, flaco y desgarbado "Slim"
Faucett, se quedaría
entonces algunas semanas en Iquitos, siendo aclamado
como el héroe civil en que se había
convertido al haber tripulado el primer avión
que llegó a
esa remota zona del Perú.
Entretanto, arribó la hélice
nueva ordenada a los EEUU, reparó el
gringo su máquina,
despegó desde Iquitos hacia el lugar
donde habíase
visto forzado a aterrizar el día de su llegada,
y posando ruedas, suavemente esta vez, en Iquitos,
culminó su viaje.
Faucett,
un hombre simultáneamente arrojado,
decidido y encantador, buscó
socios, financiamiento, y, contagiando
su desbordante entusiasmo a sus nuevos amigos
peruanos, que a partir de entonces le seguirían
hasta el final de su vida, sacó
adelante a la que fuera la grandiosa
Compañía de Aviación
Faucett S.A.
La
Empresa quedó establecida y cumplió
su primer vuelo comercial el 15 de septiembre
de 1928, con un monomotor Stinson-Detroiter,
nave metálica de cabina cerrada, y
ala alta, que podía acomodar
7 pasajeros.
Desde
entonces y hasta el año 1946, la
Compañía llegó a
tener casi cuarenta aviones "Stinson",
la mayoría de los
cuales lucían orgullosamente la
frase "Hecho en el
Perú", ya que al no ser
del todo adecuados para nuestro difícil
medio los originales modelos "Detroiter",
el genial gringo pidió a la fábrica
versiones reforzadas y más
potentes, según planos que
Faucett mismo diseñó y que
fueron ensamblados a partir e 1934 en
los talleres de la Compañía.
De
esa época primordial data también
el histórico Campo
de Santa Cruz, al lado del Golf Club de San Isidro,
(hoy Av. Coronel Portillo) desde donde estos
aviones operaban, y que cerró para
siempre en 1953, ante el inexorable
avance urbanístico de Lima.
En
1946, apenas a un año de acabada la
Segunda Guerra Mundial, Faucett, como
muchísimas aerolíneas
del Mundo, aprovechó
la oferta que hacía EEUU, de un
número considerable de
aviones, que para entonces casi
nuevos, eran ofrecidos como "surplus"
(excedente) de guerra, los mismos que
habían servido como cargueros
y transportes de tropa en Europa, Asia y El Pacífico.
Se trataba de los famosos Douglas C-47 y C-54,
los cuales una vez transformados impecablemente
en aeronaves para pasajeros, no resultaron ser otros
que los imperecederos bimotores DC-3 y cuatrimotores
DC-4. Faucett adquirió
de inmediato dos DC-3 y un DC-4, a los
que identificó con los números
38, 39 y 41, respectivamente. El DC-4
número 72, OB-R-847,
adquirido años después,
había sido el avión
oficial de Mc Arthur en la Filipinas.
Los
Stinson, que recién
desparecieron absolutamente del
escenario aerocomercial del Perú en
1964, pasaron a partir del arribo de
los "Douglas"
, a cumplir rutas secundarias en
itinerarios de mínima distancia,
como Talara-Tumbes o Arequipa-Ilo.
El
año 1960 vio la incorporación
a la flota de Faucett de su primer
DC-6B, (DC-6 de segunda generación)
grande, poderoso y silencioso cuatrimotor con 10,000
caballos de fuerza, capacidad para 85 pasajeros, con
cabina altimática y más
tarde equipado con radar meteorológico,
que fue comprado a la Panagra. (N-6256C)
Fue numerado 62, OB-PVD. (más tarde,
OB-R-552). Entre 1964 y 1968 la Compañía
compró cinco DC-6B
más. Estas grandes aeronaves eran
capaces de cargar doce veces más
pasajeros que los Stinson, al triple
de la velocidad de aquellos, con una comodidad interior
(distancia entre asientos y tamaño
de ventanillas) muy superior a la que ofrecen los aviones
actuales de ultima generación.
En
septiembre de 1968, coincidiendo con
el cuadragésimo aniversario
de su fundación, Faucett inauguró
los vuelos jet en las
rutas domésticas peruanas, con la
llegada de su primer Boeing 727. Con
el ligero peso de mis dieciocho años
de edad, acudí con mi menor
hermano aquella memorable tarde al aeropuerto para
presenciar la majestuosa llegada del
primer avión a reacción
que adquiría la Empresa.
Esta nave, para 119 pasajeros, volaba al doble
de velocidad de los DC-6B, siendo a su vez seis
veces más rápida
que los Stinson. La
recepción de la nave fue formidable;
mientras el avión
ya en tierra, se aproximaba lentamente, los pilotos
abrieron sus ventanillas y sacaron orgullosos
al aire dos banderitas peruanas. Quienquiera que
hubiera elevado su visión
hacia el Sol esa tarde, hubiera
podido comprobar como Elmer J. Faucett, sonreía
complacido desde el Cielo.
Lo
que puede considerarse el lento principio del final
de la Compañía, comienza por
1970. Elmer Faucett había
expirado en su casa de San Isidro diez años
antes, pero sus socios y accionistas originales, la
habían venido manteniendo incólume
hasta entonces. Pero Faucett rompió
ya, ocasionalmente, desde los años
70, uno de los pilares perfectos de Compañía
legendaria: la virginal sacralidad de sus
puntualísimos horarios.
El
velascato no puso poco en contribuir al deterioro
progresivo de la Empresa. Tuvo Faucett en 1971 serias
dificultades para importar su segundo jet, un BAC
One-Eleven que no tenía
cuando llegar, porque un Ministerio
de Transportes verticalmente estatista le imponía
millón y medio de trabas.
Quedaban
todavía jefes históricos
de la Compañía, como
don Eduardo Dibós Dammert y
el legendario gigante del aire.
General Armando Revoredo Iglesias, pero hacia
finales de la década del 70,
o ambos habían muerto o
estarían demasiado ancianos
para seguir dirigiendo la Empresa.
Desde
inicios de la década del 80, se fue
agudizando la desintegración
progresiva de la Compañía. Vinieron
los sucesivos cambios de propietarios, lo cual
condujo además
a un acelerado y trágico proceso de
desidentificación de la
Empresa con sus mitos y símbolos
legendarios.
Directorio
hubo, que en inconcebible ignorancia del pasado
glorioso de la Faucett, decidió
bautizar a cada avión
con el nombre de una santa, al viejo estilo de
los buques de la Grace Line. Fue imperdonable su
inconciencia respecto del hecho que Faucett, como
ninguna otra Compañía en el
Perú, y escasísimas
en el Mundo entero, podía
darse el lujo de bautizar a sus aviones
con los nombres de sus legendarios pilotos, pro
hombres que abrieron las rutas aéreas
del Perú, titanes
de los cielos como lo fueron el propio Elmer
J. Faucett, Armando Revoredo
Iglesias, Carlos Martínez
de Pinillos, los capitanes Uhler, Mc. Donald y otros.
La última administración, fue a no
dudarlo, la peor de todas. Eliminó
el mitológico emblema "Faucett"
en letra corrida, con la hermosa "F"
abierta y las dos "tt"
cruzadas al final, que constituía
una estilización
de la firma original del propio Elmer J. Faucett,
y, abolió el color anaranjado. Esto
fue algo así
como eliminar las estrellas del Cielo o desecar
los océanos. Un Boeing 727
cayó misteriosamente en las
gélidas aguas del Atlántico
Norte, aparentemente a falta de
combustible. Un Boeing 737, repleto de pasajeros
se estrelló llegando a Arequipa en
febrero 29 de 1996 por impericia
inexcusable de un piloto inepto.
Qué
lejanos estaban ya los años 50 y 60,
época del máximo
esplendor de Faucett, tiempos en que los comandantes
Oscar Roca y Erich Klein eran capaces de aterrizar
sus DC-6B encima de un pañuelo, con
milimétrica precisión!!
La
destrucción de la Compañía
de Aviación Faucett es
una tragedia nacional; ténganlo
muy presente en su dolor personal,
todos quienes aman de verdad al Perú
y que tienen el intelecto y grandeza
de espíritu suficientes
para advertir que esta Nación
nuestra es mucho, muchísimo
más que el "Alianza"
y la "U".
Puede explicarse, desde cierto punto
de vista, en la lamentable
circunstancia que ese gran hombre que fue su
fundador, no dejara descendencia, algo parecido a
la causa de la debacle del que fuera el gran Diario
La Prensa: Don Pedro Beltrán
tampoco tuvo hijos.
Ojalá
que al menos no hayan tumbado de su pedestal y
arrojado a la chatarra al Stinson
Nº 17, el histórico
avión en el cual Revoredo unió
Lima con Buenos Aires, en singular
vuelo directo en 1937.
A todos quienes compartan mis emocionados recuerdos,
les pido cerremos juntos los ojos esta noche, y según
vayan nuestras edades, la antiguedad
de nuestras memorias, nos encontremos
en sueños con un mágico
amanecer, ya sea en Santa Cruz, Limatambo o en el
Jorge Chávez.
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